A veces llegas de repente, sin que pueda poner ninguna barrera.
Entonces, se forma un nudo en mi garganta y
miro fijamente a cualquier punto en el espacio.
Me abrazo y me meso.
Me meso y me tranquilizo.

Abro fuerte los ojos para evitar que salgan las lágrimas.
Y me meso y me tranquilizo,
me tranquilizo, me tranquilizo

Suelto un suspiro y vuelvo a la realidad.
Dejo que mi mente, ya recuperada de la sorpresa,
me engañe y me distraiga.
Que me lleve con su brazo protector al mundo de la negación.

Pasan los días y tu ausencia vuelve a saber a distancia.
Pasan las horas y me revelo.
No me quiero ni engañar ni tranquilizar,
quiero sentirte.

Te siento y hace daño.
Hace daño y me siento viva.
Dejo de ser un zombi que transita por esta vida dormida,
sedada ante la pena y el dolor.

Vienes a mí y me tranquilizas.
Me das la mano,
Yo la tomo con desconfianza.
¿Eres tú en realidad o es mi mente disfrazada de ti?
Sedienta de esperanza quiero creer que eres tú.
Pero mi pensamiento disectivo, me hace titubear.

Noviembre 18, 2005

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